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Elecciones en Costa Rica: Una bibliografía esencial

Estamos a un año de las elecciones presidenciales y legislativas de 2022 en Costa Rica. Puede que esto les fomente interés, horror o una combinación de ambos sentimientos. De cara a este acontecimiento, ofrezco aquí una breva propuesta de lecturas para entender mejor los procesos electorales y repasar lo que se ha escrito sobre Costa Rica. Aclaro que este no es un estado de la cuestión exhaustivo. Es más cercano al programa de un curso, hecho a gusto propio para el público general (tal vez cansado de leer sobre COVID-19) o bien para personas con estudios en ciencia política pero cuyos intereses estén en otras áreas (aunque a veces no parezca, en ciencia política no somos todólogos y todólogas que podemos discutir de cualquier tema, sino que tenemos nuestras especialidades).

Para empezar, ¿por qué la gente vota? En este artículo, el politólogo André Blais reseña la literatura, exponiendo con claridad lo que se sabe – y lo que no – alrededor de las distintas variables que influyen en la participación electoral: instituciones (sistemas electorales), actores (sistemas de partidos), contexto (economía).

Como la reseña de Blais tiene ya algunos años, puede actualizarse con este metaanálisis.

Los anteriores artículos discuten los factores influyentes en las tasas de participación de un país (cuánto se participa). Pero existen también variables a nivel individual (quién participa). Otra vez Blais (en autoría con Christopher Achen) presenta un modelo simple y poderoso para explicar por qué la gente vota basado en la combinación de deber y preferencia.

Un metaanálisis útil sobre los factores que influyen en la participación electoral a nivel individual es el Kaat Smets y Carolien van Ham.

Pasemos a Costa Rica. El estudio pionero de abstención es el libro de Ciska Raventós et al. Abstencionistas en Costa Rica. ¿Quiénes son y por que no votan? (2005, Editorial UCR). Esta obra estuvo motivado por la caída en la participación electoral que, antes de 1998, superaba el 80% para luego mantenerse por debajo de 70%.

Esta investigación concluye que los factores estructurales que se observan en otros países influyen también en CR: a menor estatus socioeconómico, menor probabilidad de votar. Además, sostiene que el descenso en diez puntos porcentuales en la participación de 1998 proviene de la convergencia entre las plataformas de PLN y PUSC. Si los partidos ofrecen lo mismo, ¿de qué sirve votar si no hay nada que escoger? (Un argumento esbozado originalmente por Anthony Downs, por cierto).

Este puede complementarse con el estudio de Ronald Alfaro sobre los ciclos vitales de votación (jóvenes y adultos mayores votan menos que adultos de edades intermedias) y el hábito como refuerzo del comportamiento (del voto o de la abstención).

Volviendo a la perspectiva comparada, un libro importante que analiza (aunque también generaliza demasiado) las transformaciones que experimentan muchas democracias es Parties without Partisans editado por Russell J. Dalton and Martin P. Wattenberg (2000, Oxford University Press). Resulta útil para tener presente que lo observado en Costa Rica no es exclusivo de este país. Más bien, sigue tendencias de muchas democracias consolidadas: la ya mencionada menor afluencia electoral, el desapego de la ciudadanía con los partidos, la creciente fragmentación partidaria y el mayor apoyo político a terceras opciones.

Para profundizar los cambios en el electorado costarricense, pueden revisarse los trabajos de Ciska Raventós y de Fernando Sánchez (este último muy inspirado en Parties without Partisans).

  • Raventós Vorst, Ciska (2008). Lo que fue ya no es y lo nuevo aún no toma forma: elecciones 2006 en perspectiva histórica. América Latina Hoy 49: 129-156. https://doi.org/10.14201/alh.2036
  • Sánchez Campos, Fernando (2003). Cambio en la dinámica electoral en Costa Rica: un caso de desalineamiento. América Latina Hoy 35: 115-146. https://doi.org/10.14201/alh.7378

Estos dos categorizan el caso costarricense como uno de desalineamiento. Pero un reciente estudio más bien argumenta un proceso de realineamiento (en particular, alrededor del PAC).

  • Perelló, Lucas y Patricio Navia (2021). Abrupt and Gradual Realignments: The Case of Costa Rica, 1958–2018. Journal of Politics in Latin America 13(1): 86-113. https://doi.org/10.1177/1866802X20967733

Sobre cómo las personas votan hay muchísimo. De los libros clásicos, uno que me sorprende por la cantidad de tesis que formuló y que se mantienen vigentes es The People’s Choice de Paul Lazarsfeld, Bernald Berelson y Hazel Gaudet (1944, Columbia University Press). Por mencionar algunas, dicen que:

  1. las personas votan según los grupos sociales a los que pertenecen;
  2. se retrasa la decisión del voto cuando las personas votantes tienen bajo interés y presiones contradictorias (por ejemplo, cuando les gusta el candidato pero no su programa);
  3. los medios de comunicación ejercen un efecto mínimo en el cambio de preferencias y tienden más bien a activar y reforzar predisposiciones;
  4. la exposición a información es selectiva: se tiende a consumir aquello que refuerza lo que se cree de antemano.

Siguiendo con la literatura global, recomiendo el libro Democracy for Realists de Christopher Achen y Larry Bartels (2016, Princeton University Press) porque, aunque analizan únicamente Estados Unidos, los autores hacen un buen balance de teorías de opinión pública y comportamiento.

En la misma línea, sugiero el artículo de Harold Clarke y colegas sobre la elección de 2012 en EEUU. Pareciera una selección muy idiosincrática (¿quién piensa todavía en la elección de Obama vs. Romney?), pero presenta (a mi gusto) una combinación impecable de perspectivas teóricas sobre el voto, contexto y análisis estadístico.

Aunque la democracia es longeva en Costa Rica, los estudios electorales empíricos están subdesarrollados en comparación con su edad. Ciertamente se han realizado múltiples análisis sobre caudales electorales a nivel cantonal, por ejemplo. Pero, por sus limitaciones metodológicas, estos dicen poco sobre el comportamiento individual.

Desde la década de 1970, el politólogo estadounidense Mitchell Seligson, en cooperación con el estadístico Miguel Gómez, propulsó el estudio de la cultura política a través de encuestas, iniciando en Costa Rica y expandiéndolo a la región. Actualmente el proyecto se llama Latin American Public Opinion Project. Sin embargo, no existe en Costa Rica un proyecto con una trayectoria similar, por ejemplo, al American National Election Studies de Estados Unidos que acumula encuestas desde 1948.

Afortunadamente los mencionados cambios desde 1998 relanzaron los estudios de electorales. Por ejemplo, inician las colaboraciones de investigación entre el Tribunal Supremo de Elecciones y la Universidad de Costa Rica para realizar encuestas nacionales. Pese a los valiosos esfuerzos realizados, siempre quedan preguntas pendientes, sobre todo porque cada nueva elección, debido a sus particularidades, ofrece una nueva interrogante.

Sobre elecciones particulares en Costa Rica quiero mencionar la siguiente lista – repito – no exhaustiva.

Sobre 2006

Sobre 2010

Sobre 2014

  • Alfaro Redondo, Ronald y Steffan Gómez Campos (2014). Costa Rica: elecciones en el contexto político más adverso arrojan la mayor fragmentación partidaria en 60 años. Revista de Ciencia Política 34(1): 125-144. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2014000100006
  • Nicolás Jiménez, Yagnna, Edwin Alvarado Mena, Jeff Rodríguez Alvarado y Allan Abarca Rodríguez (2015). Las promesas electorales de los candidatos a la presidencia de la República de Costa Rica, divulgadas en medios de prensa escrita, 2014. Revista de Ciencias Sociales 147: 15-26. https://doi.org/10.15517/rcs.v0i147.19790
  • Pignataro, Adrián y María José Cascante (2018). Los electorados de la democracia costarricense. Percepciones ciudadanas y participación en torno a las elecciones nacionales de 2014. San José: IFED. http://ride.tse.go.cr/handle/123456789/2323
  • Rosales Valladares, Rotsay (2016). Elecciones Costa Rica 2014: el aparente giro hacia el progresismo de izquierda mediante el triunfo del partido acción ciudadana y el ascenso del Frente Amplio. Anuario Centro de Investigación y Estudios Políticos 6: 155-175. https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/ciep/article/view/26100
  • Treminio Sánchez, Ilka (2016). El PAC al poder: elecciones 2014 y los principales cambios en el sistema político costarricense. Península 11(1): 103-126. https://doi.org/10.1016/j.pnsla.2016.01.005

**En el siguiente estudio las elecciones de 2010 y 2014 enfatizando dos variables: partidismo y evaluación del gobierno saliente**

Sobre 2018

  • Alfaro Redondo, Ronald y Felipe Alpízar Rodríguez (eds.) (2020). Elecciones 2018 en Costa Rica: retrato de una democracia amenazada. San José: PEN. http://hdl.handle.net/20.500.12337/7969
  • Cascante, María José (ed.) (2019). Los límites de la democracia costarricense: Perspectivas feministas de la elección 2018. San José: Colegio de Profesionales en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, Programa de Doctorado en Gobierno y Políticas Públicas, Centro de Investigación y Estudios Políticos. http://hdl.handle.net/10669/79800
  • Gómez Campos, Steffan y Elías Chavarría Mora (2018). Análisis ideológico y de concreción de los programas de Gobierno en las elecciones 2018. San José: Programa Estado de la Nación. http://hdl.handle.net/20.500.12337/2966
  • Díaz González, José Andrés y Stephanie Cordero Cordero (2020). Las preferencias del electorado en la segunda ronda presidencial de 2018 en Costa Rica. Un modelo de socialización política. Política y gobierno 27(1): 41-62.
  • Pignataro, Adrián e Ilka Treminio (2018). Reto económico, valores y religión en las elecciones nacionales de Costa Rica 2018. Revista de Ciencia Política 39(2): 239-263. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2019000200239
  • Rodríguez, Florisabel, Fernando Herrero Acosta y Wendy Chacón (2019). Anatomía de una fractura. Desintegración social y elecciones del 2018 en Costa Rica. San José: FLACSO.
  • Rojas Bolaños, Manuel e Ilka Treminio Sánchez (eds.) (2019). Tiempos de travesía. Análisis de las elecciones de 2018 en Costa Rica. San José: FLACSO.
  • Rosales Valladares, Rotsay (2018). Costa Rica: volatilidad, fragmentación, shock religioso y decisiones de último minuto. En Nuevas Campañas Electorales en América Latina. Montevideo: Fundación Konrad Adenauer.

En esta breve bibliografía comentada me centré en temas de comportamiento político en torno a las elecciones nacionales (las subnacionales o municipales merecerían otra reseña), pero hay otros aspectos relacionados con estas. Por ejemplo, el sistema electoral comprende las reglas de distribución de escaños. Para una exposición didáctica de cómo funciona la repartición de escaños legislativos, puede ver el trabajo de Diego Brenes, magistrado del Tribunal Supremo de Elecciones.

Diversos trabajos se han centrado en la creciente, pero limitada, representación de las mujeres en la política. Puede verse el ya mencionado libro editado por María José Cascante, la obra Mujeres y Derechos Políticos Electorales (2018, IFED) de la magistrada Eugenia Zamora desde la perspectiva legal y este artículo de Montserrat Sagot desde la perspectiva histórica y sociológica.

  • Sagot, Montserrat (2010). Demandas desde la exclusión: representatividad democrática y cuotas de participación política en Costa Rica. Revista de Ciencias Sociales 130: 29-43. https://doi.org/10.15517/rcs.v0i130.4153

Por último, si creen que dejé algo por fuera que sea importante para las próximas elecciones, los comentarios son bienvenidos a mi correo.

¡Buena lectura!

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La incesante búsqueda de la fórmula mágica

“Pero ahora creo saber ya qué camino tendríamos que tomar. […] Ahora, en circunstancias extremas, hemos de elegir un camino difícil, un camino imprevisto. Ésa es nuestra esperanza, si hay esperanza: ir hacia el peligro, ir a Mordor. Tenemos que echar el Anillo al Fuego.”

J.R.R. Tolkien, El Señor de los Anillos (Libro II.2)

Conversando con amistades sobre política, surge habitualmente un tema con variaciones al discutir la actualidad de Costa Rica: la búsqueda de una solución mágica que (supuestamente) resuelva todos los problemas.

Las personas autoras de este tipo de propuestas no dicen explícitamente que sus propuestas lo resuelvan todo. Creo que ninguna persona es tan ingenua. Sin embargo, usualmente se produce un discurso de optimismo (o, por el contrario, de escepticismo) sobre el efecto que tendría determinada propuesta. Hay una esperanza de que alguien haya encontrado la manera de poner fin a los recurrentes males que los diagnósticos nos señalan: crisis política, desigualdad, pobreza y déficit fiscal.

Los recortes al gasto público, la reactivación económica, la reducción de impuestos y la venta de activos estatales resuenan de forma constante como las soluciones no solo al déficit fiscal sino prácticamente a todos los problemas del país. Es un reduccionismo económica que deja de lado otros temas con retos particulares: ambientales, de género y educativos, por mencionar algunos.

Hay otras, más cercanas a mi área de estudio en la ciencia política. Por ejemplo, la propuesta de Poder Ciudadano Ya de cambiar el sistema electoral a uno mixto proporcional pretendía, entre otros fines, contrarrestar los problemas de legitimidad política y otorgar a las personas votantes la capacidad de votar por candidaturas, no por listas. La insatisfacción política se veía como el núcleo de los problemas del país y, por ende, el desafío por afrontar.

Otra formula mágica deriva de la discusión sobre sistemas políticos alternativos al presidencialismo: parlamentarismo y semipresidencialismo (ignoro aquí propuestas antidemocráticas/inconstitucionales como el nombramiento de un superministro con un presidente ceremonial). Este ha sido un tema atractivo desde que Juan Linz denunciara los fallos del sistema presidencial, aunque la literatura ha avanzando en distintas direcciones, especialmente cuando deja de limitarse a la dicotomía presidencialismo vs. parlamentarismo y considera el contexto institucional, político y partidario de forma más amplia (e.g. no es lo mismo un parlamentarismo con circunscripciones uninominales a uno con plurinominales, o un presidencialismo con baja fragmentación partidaria frente a uno con alta).

La fórmula más reciente (y completa, pues conjuga lo político como procedimiento con lo fiscal como fin) es la Mesa de Diálogo Multisectorial, en su primera versión (no realizada), coordinada por el Programa Estado de la Nación y, en la segunda (finalizada), convocada por Casa Presidencial y facilitada por la politóloga Dra. Ilka Treminio y el economista Víctor Umaña.

Mi objetivo aquí no es valorar si cada una de estas soluciones es buena o mala. La evidencia es la que permite evaluarlas. Así, las siempre mencionadas bondades del recortes al gasto público y las consecuencias nocivas de los impuestos no están tan sólidamente establecidas como se aduce, nos recuerda mi amigo y colega Juan Manuel Muñoz.

Un sistema electoral mixto no resuelve la crisis de desconfianza política pues democracias con distintos sistemas electorales recurrentemente evidencian bajos niveles de confianza hacia el parlamento y los partidos políticos. Tampoco este rediseño garantiza el voto por candidaturas vs. listas, pues una una reciente investigación sobre sistemas electorales mixtos identifica la “contaminación” del voto, de las listas cerradas al voto individual. En otras palabras, muchas personas siguen votando como si solo existieran listas cerradas.

Es cierto que el parlamentarismo puede reducir la probabilidad de una caída autoritaria, según el sofisticado estudio de Adam Przeworski y sus colegas, pero ¿es esta una amenaza real en Costa Rica)? Y, aunque el sistema proporcional (como el vigente) se asocia con mayor gasto gubernamental y déficits, el presidencialismo se correlaciona con menos gasto y déficits más pequeños, como concluyen Persson y Tabellini en su riguroso análisis econométrico.

En cuanto a la Mesa de Diálogo, con los límites que puedan encontrársele, subrayo que esta produjo 58 acuerdos en un país que hace semanas parecía ingobernable, con bloqueos a lo largo del territorio y con figuras de opinión que -de formas más o menos sutiles- pedían la renuncia del presidente Carlos Alvarado. Su proceso y resultado tienen valor.

Podemos -e incluso debemos- ponderar las ventajas y limitaciones de las propuestas que se nos presentan. El error, o la ilusión motivada, es considerar cada una de ellas como la solución. La gestión gubernamental no se reduce a una ecuación matemática y, aunque quisiéramos modelarla como tal (i.e. teoría de juegos), encontraríamos supuestos lejanos de la realidad.

Tampoco creo que el mito de una fórmula mágica sea exclusivo de Costa Rica. La presidencia de Obama prometió una “sociedad posracial” que nunca llegó, por ejemplo. En varios países, el populismo y el ascenso de “líderes fuertes” presentan similares características teleológicas.

Mi conclusión es obvia: no hay una solución a todos los problemas políticos, económicos, sanitarios y sociales del país. No hay un anillo por destruir ni tampoco un deus ex machina (las águilas, para seguir con analogías tolkianas) que nos salvará. La política es un proceso permanente y endógeno de decisiones con costos y beneficios, con ganadores y perdedores.