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La era Craig en James Bond

La era de Daniel Craig como James Bond inicia con Casino Royale (2006) y termina con No Time to Die (2021). Son cinco películas en quince años. La crítica y recepción de estas producciones ha sido variada. Pero no soy crítico de cine y esto no es una reseña. Es más bien un intento de responder, en general, cómo se acercan estas cinco historias protagonizadas por Craig con las veinte anteriores y, en específico, cómo No Time to Die encaja con sus predecesoras.

En primer lugar, hay que tener presente que las películas de Bond no siguen el patrón de otras franquicias actualmente populares. No se entrelazan coherentemente como en el Universo Cinemático Marvel. Tampoco siguen una línea cronológica como en Star Wars. Y no adaptan en orden los libros originales como en Harry Potter. Desde Dr. No (1962) hasta Die Another Day (2002), las veinte películas producidas por EON son aventuras relativamente independientes y autocontenidas, vinculadas entre sí por débiles cabos y solo algunos personajes.

La coherencia interna no es el mayor mérito de la franquicia. Los cambios de actores que personificaron a James Bond, desde Sean Connery en los sesentas hasta Pierce Brosnan en los noventas, ha planteado retos para entender cómo Bond no envejece (no, James Bond no es un nombre código, es el mismo personaje). Además, las historias presentan inconsistencias poco sutiles. Por ejemplo, Bond y Blofeld se conocen cara a cara en You Only Live Twice, pero en la siguiente entrada Bond es capaz de personificar a Hilary Bray para infiltrarse en la base de Blofeld sin que este lo reconozca.

En segunda instancia, estas veinte películas de 1962 a 2002 se caracterizaban por seguir lo que Umberto Eco, al analizar las novelas originales, denominó la estructura narrativa de Ian Fleming. Básicamente, las historias presentan relaciones entre personajes invariables y una secuencia narrativa estable. Aunque Eco detallas más, se puede resumir en: Bond obtiene misión de M, el villano captura a Bond y Bond vence villano. Las películas de Bond, aunque no fieles a las novelas de Fleming (especialmente a partir de los setentas), repiten esta fórmula, con algunas variaciones en tono y estilo.

Con el debut de Daniel Craig en Casino Royale se dan dos cambios respecto a la tradición. Primero, de forma inusitada, se hace un reboot, o un inicio fresco en la línea del tiempo. El Bond de Craig no es un dinosaurio de la Guerra Fría, no vengó a Felix Leiter y su esposa, no desarmó una bomba atómica vestido de payaso, no se casó con Tracy di Vicenzo y no venció a Goldfinger en el golf. Es James Bond, pero en una línea del tiempo que empieza desde cero, cuando obtiene su licencia para matar en la posguerra fría. No es una continuación del Bond Connery-Lazenby-Moore-Dalton-Brosnan.

Teóricamente este reboot es perfectamente compatible con la estructura narrativa de Fleming que Eco identifica. Sin embargo, este apego a la fórmula no sucede. Las películas de Daniel Craig como James Bond se alejan de la estructura, especialmente en el hecho de seguir una misión oficial. Son lo que en estadística se conoce como outliers.

A grandes rasgos, Casino Royale es bastante fiel a la novela original de Fleming, la primera en la serie. Libro y película narran una historia de origen y de formación del personaje. Es decir, hay una evolución en el protagonista que está ausente en las posteriores historias. Bond se construye en Casino Royale. Aprende. Pierde y gana en el juego. Gana y pierde en el amor. La traición y muerte de Vesper Lynd, funcionaria de la Tesorería y doble agente de la cual Bond se enamora y por la cual renuncia al servicio secreto (un desvío de la fórmula), es un hecho que moldea su carácter y sus relaciones con las mujeres. Por su tono de Bildungsroman, Casino Royale es una historia atípica.

Vesper vuelve a ser central en la segunda película de Craig, Quantum of Solace (2008), la cual se plantea como una secuela que ocurre inmediatamente luego de los eventos de Casino Royale, a diferencia de las aventuras autocontenidas de la era clásica. El material original es una pequeña historia de Fleming que no tiene ninguna relación con la película. Esta última gira en torno a cómo Bond perdona a Vesper, lo cual contradice su lapidaria frase al final de la aventura predecesora –“the bitch is dead”– con la que Bond cerraba emocionalmente su nexo emocional. En los libros, Vesper no vuelve a mencionarse sino hasta años después, cuando Bond visita su tumba. En las películas, el cierre romántico no ocurre. En Quantum of Solace, Bond busca venganza y se convierte en un agente libre (su renuncia en Casino Royale fue pasajera). Hasta el final vuelve a ganar la confianza de M.

Skyfall (2012) es también un caso desviado. La película inicia con Bond aparentemente muerto (como en la película You Only Live Twice). Luego de disfrutar un retiro momentáneo, Bond reingresa al servicio secreto cuando MI6 está bajo ataque. Extraoficialmente, Bond protege a su jefa M (Judi Dench) del villano en Skyfall, la residencia de su familia y su niñez. Es decir, en lugar de atacar la base del villano, Bond defiende su residencia (una inversión de la fórmula).

La cercanía con el pasado familiar de Bond se Skyfall es única, si bien en en GoldenEye se mencionaba marginalmente la trágica muerte de los padres de Bond en una avalancha de nieve. En Skyfall, el regreso de Bond a su infancia es geográfico y emocional, especialmente al morir su madre putativa, M. Por ende, con Bond fuera del servicio secreto, admitido de vuelta a regañadientes por Mallory, el futuro M (Ralph Fiennes), asumiendo una misión extraoficial que termina en un espacio íntimamente personal, Skyfall no sigue el patrón típico de 1962-2002.

Tampoco Spectre (2015) se mantiene fiel a la estructura original. En ella Bond realiza misiones en México, Italia, Austria y Marruecos al margen de MI6 y su jefe. Pero además, la película refuerza la idea continuidad al vincular las tramas previos, algo raro en las películas de Bond. Se dice que los villanos de las tres películas anteriores pertenecen a una misma organización (Spectre) y seguían un plan maestro de su líder, Blofeld. El resultado, sin embargo, es incoherente. Por ejemplo, es bastante claro que Silva, el villano de Skyfall, actuaba por cuenta propia. Al final de Spectre, Bond renuncia a MI6 -otro desvío- para construir una vida con la Dra. Madeleine Swann.

En estas cuatro entregas Bond se separa de MI6 (Casino Royale), actúa como agente libre (Quantum of Solace, Skyfall) o ambas (Spectre). Con ello se rompe lo que había sido un vínculo de (relativa) obediencia a M y al Servicio Secreto de su Majestad. Es verdad que en el periodo clásico hubo momentos de insubordinación hacia M. En On Her Majesty’s Secret Service Bond brinda su carta de renuncia a MI6 y ataca la guarida del villano en modo “rogue”. En Licence to Kill Bond se hace agente libre para ir contra el narcotraficante Sánchez. Estas acciones ocasionales en la era clásica son comunes en la era Craig.

Por último, llegamos a No Time to Die, en la que Bond está retirado, pero asume, primero, una misión extraoficialmente y, luego, de vuelta en MI6. De hecho, es su última misión. Bond vence al villano, pero no sobrevive, subvirtiendo la fórmula clásica. Aunque Fleming en dos novelas mató aparentemente a Bond, este regresó en las historias sucesivas. En cambio, No Time to Die no deja dudas de que el personaje murió.

Entonces, la era Craig no tiene una sola película donde la historia siga el esquema básico de M-misión-Bond vence villano. Son cinco historias de cinco que irrumpen con la estructura narrativa de Fleming, mientras que en la era clásica hay dos de veinte que se desvían de la fórmula.

No Time to Die es, por lo tanto, un final atípico para un ciclo atípico y, en ese sentido, parece apropiada. La muerte de Bond no es un elemento extraño, sino que sigue el patrón las películas de Craig de hacer algo diferente en cada entrada.

Algo más que me llama la atención de No Time to Die son sus semejanzas con la más atípica de la era previa, On Her Majesty’s Secret Service. De hecho creo que funcionan como espejo.

En esta última, Bond se casa con Tracy di Vicenzo (Diana Rigg), quien muere indirectamente (pues quien dispara es Irma Blunt) a manos de Blofeld después de la boda. En No Time to Die Blofeld muere, a manos de Bond y Madeleine. En On Her Majesty’s Secret Service Bond tiene que vivir sin Tracy. En No Time to Die, Bond muere y Madeleine (la nueva Tracy) tiene que vivir sin Bond, pero no triste y sola (como Bond sin ella) sino aparentemente feliz (aunque melancólica) con Mathilde.

La relación con On Her Majesty’s no es casual por parte de los guionistas y del director. Hay una evocación explícita ya que la banda sonora de No Time to Die utiliza dos temas de su antecesora. “We Have All the Time in the World”, compuesta por John Barry con letra de Hal David y cantada por Louis Armstrong, aparece en ambas películas.

Podría decirse que con On Her Majesty’s Secret Service también concluye una era de Bond, el Bond de los sesentas. Luego volverá Connery con la bizarra Diamonds are Forever, antes que Roger Moore gire Bond hacia un terreno todavía más fantasioso y cómico. Timothy Dalton retoma la veta del espionaje, aunque su trayecto es corto (dos películas nada más). Pierce Brosnan parece combinar todos los anteriores.

Pueden especularse razones por las cuales escritores y productores decidieron matar a Bond. Para algunos, es una nueva iteración del tópico sacrificio del héroe, visto recientemente en Logan y Avengers: Endgame. Pero además, con la muerte de Bond, irreversiblemente se pone fin a la era Craig. Se puede especular que el apego que los productores, Michael G. Wilson y Barbara Broccoli, mantenían con Craig y el futuro incierto con la compra de MGM por parte de Amazon les motivaron a blindar este ciclo y garantizar que futuras entradas deben empezar de cero sin tocar el legado de Craig.

No tengo idea de qué vendrá en el futuro, pero queda claro que las próximas entregas no continuarán la historia del comandante que ascendió a agente 007 matando a Dryden en Praga, que le ganó a Le Chiffre jugando póker, que amó a Vesper, que tuvo en sus brazos a Mathis, M y Felix Leiter antes de morir, que se enamoró de la doctora Swann con quien tuvo una hija llamada Mathilde. La historia de ese Bond, James Bond, terminó.